Aplazamiento del Maratón de Zaragoza. El egoísmo del corredor.


Este pasado domingo debía haberse disputado el Maratón de Zaragoza. Una edición, la de este 2018, que debía ser ya la del espaldarazo definitivo a la prueba. Y es que hubo que esperar mucho tiempo, y que llegara la Expo 2008, para que Zaragoza tuviera su maratón. Desde entonces, desde la Organización se había trabajado en ofrecer una prueba de calidad con un recorrido atractivo en el que pusieran su punto de mira no sólo los corredores locales, también los del resto de España. El cambio de fechas a la primavera decidido el año pasado también apuntaba en esa dirección. Un potente patrocinador detrás y las buena respuesta por parte de los corredores en las inscripciones eran tan sólo la guinda que le faltaba al pastel para que el 15 de abril fuera la gran fiesta del maratón en Zaragoza. 

Pero sucedió lo que nadie podía imaginar. Que el maratón, y por extensión también la 10k, fueran suspendidas (aplazadas). Las causas, la excepcional crecida del río Ebro, cuya punta precisamente llegó a Zaragoza el domingo, obligaba a que el Ayuntamiento necesitara todos los efectivos de Policía, Protección Civil y Servicios. Un aplazamiento que no fue decisión de la Organización del maratón, sino del Ayuntamiento de Zaragoza, y que se hizo público alrededor de las 16 horas del viernes.

Desde ese viernes por la tarde, no podía ser de otra forma, las redes sociales comenzaron a hervir. Todo tipo de mensajes entre los que destacaban los negativos y críticos con la decisión del aplazamiento. Y desgraciadamente, entre estos críticos, proliferaban los que no atendían a las razones que habían llevado a la suspensión.


El Maratón de Zaragoza no se aplazó porque algunos de los tramos estuvieran inundados. Existía un recorrido alternativo y se iba a utilizar. Tampoco se aplazó por capricho de la Organización, ni siquiera por decisión propia, puesto que en la última reunión mantenida con Policía Local a mediodía por el Ayuntamiento y tras decisión del Comité de Crisis habilitado para gestionar todas las contingencias derivadas de la crecida del Ebro. ¿El motivo? Que todos los efectivos del Ayuntamiento debían estar disponibles y en alerta ante la situación del río. ¿Lógico? Para mi sí. 

Pero es que, además, las recomendaciones del Ayuntamiento a los vecinos de Zaragoza eran incompatibles con la celebración de un maratón. Por ejemplo, en barrios por donde iba a transcurrir la prueba, con calles cortadas y prohibición de aparcamiento, se instaba a los vecinos a sacar los vehículos de los garages por el peligro de inundación.

Desgraciadamente un buen número de corredores no han comprendido la situación, primando sus intereses personales de participar en una prueba antes que la comprensión de una situación excepcional como era el caso. 

Sí, un maratón es importante. Sí, son muchos meses de preparación. Y sí, para todos los que venían de fuera el trastorno no es sólo moral sino económico. Pero la decisión tomada viene avalada por la excepcionalidad del momento.

El perjuicio para la Organización es enorme. Igual que se han perdido semanas de entrenamiento, se han perdido horas de dedicación. El trabajo invertido por conseguir llevar a Zaragoza a ser un maratón top en España ha sido enorme, y una causa de fuerza mayor no puede empañar la imagen del Maratón de Zaragoza.

A veces deberíamos darnos cuenta que correr es algo muy importante para nosotros pero que hay situaciones en las que pasa a ser algo secundario. Y desgraciadamente mucha gente no lo comprendió y, lo que es peor, sigue sin hacerlo. 


 

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